• “Por causa de Cristo lo he perdido todo,

    y todo lo considero basura a cambio de ganarlo a Él, y de encontrarme unido a Él”

    (Filip 3,8-9)

  • La paz de Jesús conforte siempre tu corazón.

     

    A través de estas líneas te quiero compartir un poco de lo que sucedió en aquel momento en el que mi vida cambió para siempre; aquel encuentro con Dios que me permitió abrir mi corazón a su gracia, la cual pudo transformar toda mi existencia dándole sentido a mi vida; ayudándome a reconocer su presencia viva, dejándome pasar de conocer de Jesús, a conocer a Jesús.

    Recuerdo que desde muy pequeña me inculcaron la fe; siempre me esforcé en ser muy dedicada en las actividades de la Iglesia, estudié en un Colegio Católico, y debido a ello mis amistades, actividades, y en sí todo mi mundo giraba en torno a las cosas de Dios.

    Mientras crecía, mi mayor sueño era convertirme en una gran cantante, así que conforme pasaban los años me preparaba más y más en mi formación musical; recuerdo que los comentarios que otros hacían respecto a mis talentos fueron despertando en mí una gran sed de reconocimiento. Estaba siempre dispuesta a sacrificar todo mi tiempo en prepararme, con el fin de superar mis propias expectativas sobre mis capacidades en la música y el canto.

    Con el paso de los años la música era el centro de mi vida, en el año 2002 mientras estudiaba en la Escuela Superior de Música, se me presentó la oportunidad de audicionar para un reality llamado “La Academia” quedando seleccionada para formar parte en su segunda edición de este programa televisivo. La experiencia fue algo sumamente emocionante, entrar en un Reality se podía considerar una gran oportunidad para darte a conocer internacionalmente. Sin embargo, nunca consideré el gran cambio de ambiente al que me estaría enfrentando, y a las muchas tentaciones a las que mi alma comenzaría a someterse, empezando por la sed de la fama, el deseo por las riquezas, la vanagloria, la soberbia, el egoísmo, la vanidad, se estaban volviendo parte de mi vida. Me hice indiferente ante el ajeno, y no podía ver más allá de mi propia persona. Me aferré a mis deseos y en mi poca tiempo de oración me acostumbré a decirle a Dios que debía hacer por mi, y como hacerlo; deje de ser agradecida con él, no tenía deseos de conocer, ni de cumplir su voluntad en mi vida.

    A principio del año 2004 comencé a experimentar una terrible soledad, nada me satisfacía, renegaba de todo, incluso hasta del hecho de estar viva, simplemente perdí el rumbo, no sabía qué hacer; y pedir ayuda a Dios me parecía indigno e incluso hipócrita de mi parte.

    Me vi envuelta en un mundo de envidias, miedo, soledad, chismes, apariencia, esforzándome por agradar a los demás para ser aceptada y no criticada debido a mi forma de ser y de pensar. Debido a todo esto mi relación con Dios comenzaba a ser casi nula, había días en que no me acordaba para nada de él, ni siquiera de darle gracias, incluso ni siquiera me atrevía a pedirle nada, simplemente deje de considerar su presencia en mi vida.

     

     

     

    El pecado y la ceguera espiritual habían echado raíces en mi, ya no experimentaba un remordimiento de conciencia, incluso interiormente justificaba mis acciones. Comencé a vivir una infelicidad permanente; recuerdo que en uno de esos días en los que me sentía completamente perdida, me atreví a dirigir unas palabras a Dios, implorando su misericordia, su ayuda, diciéndole que me sentí agotada de experimentar ese gran vacío en mi interior; fue una de esas noches en las que sentí que de tanto llorar se me habían agotado las lágrimas y el cansancio me había vencido.

     

    Al paso de unos meses de ese mismo año, unos amigos con lo que había compartido el servicio de misión, me llamaron para invitarme a acompañarlos a un semana de evangelización a las afueras de Chihuahua, Mex, para lo cual me negué varias veces, no me sentía apta, y mi soberbia me dolía, al pensar que no había podido lograr salir adelante con mi proyecto en la música. Lo interesante es que no recuerdo que paso, pero terminé lleno a esa misión. Recuerdo constantemente sentirme triste, no lograba poner atención cuando alguien me hablaba, vivía distraída la mayor parte del tiempo, acongojada por el pasado y atormentada por mi futuro; sin embargo, aún con todo mi pobreza espiritual, Dios se valió muchas veces de mis palabras para dar esperanza a otras personas. Yo prefería en la mayor parte del tiempo compartir con los niños, lo cual fue muy sanador, ya que estando con ellos lograba vivir en el tiempo presente, sin saberlo me ayudaba a sentirme viva. Antes de regresar a casa, recuerdo ir al santísimo y decirle al Señor “te regalo un año de mi vida, llevame a donde tu quieras y permíteme servirte así”

    Cuando regresé de aquella misión, se me presentó la oportunidad de comenzar a grabar mi primera producción discográfica con personas muy reconocidas en el medio de la música secular. Inexplicablemente mi alma comenzaba a tener un deseo constante por conocer más de Dios, interiormente me pasaban algunas preguntas de parte del Señor, como, ¿Por qué si dices que me conoces nunca has leído mi palabra? Así que de a poco comencé a leer los evangelios, y como bien lo dice Heb 4,12, su palabra comenzaba a someter a juicio mis pensamientos y las intenciones de mi corazón. Por las noches batallaba muchisimo para conciliar el sueño, era una tortura a causa de mis pensamientos y las muchas preocupaciones con las que cargaba; un dia me acorde de que durante muchos años cuando era pequeña y no lograba dormir por las noches por que tenía mucho miedo le pedía a mi mamá que rezaramos el Santo Rosario y eso lograba calmarme; asi que me dispuse a rezarlo todos los días por la noche, lo cual a su vez fue despertando en mi un gran amor por mamá María, me permitía sentirla muy cerca de mi. A los pocos días otra pregunta resonaba fuertemente en mi interior, ¿En verdad crees que estoy vivo? ¿Crees que estoy realmente en el Santísimo Sacramento del altar?, si lo crees entonces ¿por qué no me comes? Fue a partir de esa pregunta constante que comencé a ir a la misa diariamente, al principio, para ser sincera, no lograba poner atención, pero con todo mi corazón deseaba estar ahí y poder recibir el cuerpo y sangre de Jesús. Recuerdo que después de un tiempo me di cuenta que mis tormentas interiores habían comenzado a calmarse, simplemente me supe amada por Dios, a pesar de haberme alejado por tanto tiempo de su amistad, de que inconscientemente le había cerrado las puertas de mi corazón.

    Después de dos meses mientras me encontraba grabando la producción secular, no podía evitar sentirme con el corazón dividido, ya que por fin estaba haciendo lo que tanto había deseado pero el ambiente en el que me encontraba me veía constantemente tentada y propicia al pecado, mientras que por otra parte sentía un deseo inmenso de querer agradar a Dios y perseverar en la vida de la gracia.

    Para mis sorpresa debido a que varios de las personas con las que estaba trabajando debían asistir a los Grammys la grabación se pospuso por dos semanas, así que por mi parte regrese a casa durante esos días para compartir tiempo con mi familia, y aunque ya había oído acerca de una comunidad llamada “El Rancho del Señor” me pasaba todo el tiempo y con gran insistencia la idea de ir a visitar ese lugar.

    Nunca imaginé que al ir ahí el Señor me sorprendería tremendamente, cambiando el rumbo de mi vida, de una vez y para siempre. Cuando llegué a la comunidad, no tenía expectativas de nada, sin embargo muchos hablaban de la vida de un santo sacerdote jesuita llamado Fr. Richard Thomas (+), que con el paso del tiempo se convertiría en el instrumento por medio del cual pude abrir mi corazón a la misericordia de Dios, reconociendo su presencia viva y real, la cual se que hasta hoy sigue actuando y obrando maravillas en toda persona que cree y se esfuerza por vivir de acuerdo a su santa voluntad. El Señor me ha permitido descubrir el llamado de vivir una vida santa, vida a la cual todos hemos sido llamados.

     

    “Hágase tu voluntad y no la mía,

    para poder verte algún día”

     

    Seguir a Cristo no ha sido fácil, han sido años de mucho aprendizaje, ha habido momentos de lucha, de dolor, pero su presencia, su mensaje, sus promesas se han hecho visibles en mi vida, he podido ser testigo del poder y de la gran majestad del Dios humilde del cual nos habló Jesús, cuando miro atrás y veo todo lo compartido a su lado sin duda considero que aceptar su mensaje y aprender a vivir según su ejemplo ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida, bendita libertad que me ha permitido demostrarle cuanto le amo, y lo mucho que necesito de su gracia en mi vida, para seguir respondiendo a su llamado con un sí y una sonrisa hasta el último día de mi vida.

    Mi mayor enseñanza durante estos años ha sido aprender a negarme a mi misma dejando a Dios ser Dios en mi vida, y así en lo que con mi pobre humanidad alcance a comprender pueda siempre contemplar sus maravillas, su obrar, su manera de hablar, especialmente confiar que para él TODO es posible.

    Para mi evangelizar a otros, no es un trabajo, sino la misión a la que todo ser cristiano hemos sido llamados, para compartir con otros las muchas gracias y bendiciones que se nos ha concedido al nacer por medio del Espíritu Santo a una nueva vida en Cristo.

     

    AZENETH GONZÁLEZ